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Miramar

Viene pegando la vuelta

Por: Juan I. Martínez Dodda

A fuerza de incorporación de tecnología, pero también apelando a la “muñeca” del manejo por parte del productor, el girasol intenta recuperar las hectáreas que los años le han robado. Dos productores que hacen manejo de avanzada en zonas históricamente girasoleras, como el sudeste bonaerense y la provincia de La Pampa, revelaron a Clarín Rural sus estrategias para hacer de la oleaginosa un cultivo que sigue ganando protagonismo en sus rotaciones.

Hasta mediados de la década del 90, momento en el que el tren de la soja empezó a incorporar más estaciones a su recorrido, el girasol ocupaba un rol indiscutible en las dos regiones productivas antes citadas, en tándem con la actividad ganadera. Así, en el oeste bonaerense y La Pampa había 1,3 millones de hectáreas y en el sudeste se llegaron a sembrar 750.000; actualmente, si bien ambas zonas están en recuperación, apenas si llegan a las 530.000 y 590.000 hectáreas, respectivamente. El área nacional, para la campaña 2011/12, rondó el 1,82 millón de hectáreas.

Gastón Therisod es asesor especialista en Producción Vegetal y trabaja en campos a lo largo de la Ruta 226 y la 74, en el sudeste bonaerense. “La soja le sacó mucha superficie al girasol en la última década, pero en los últimos tres años el girasol ha ido recuperando terreno, yendo a ambientes más profundos, bajos maiceros, de la mano de una mejora genética que ha impactado en los rindes, en la sanidad y en la calidad, con los girasoles Alto Oleico (AO)”, explicó a Clarín Rural .

En los mejores lotes practican una rotación con cereal (cebada o trigo), luego soja de segunda, al año siguiente maíz y luego girasol. En la zona de Ayacucho, y de la Cuenca del Salado, en los lotes que pueden tener algún riesgo de piso a cosecha, se hacen sojas de ciclo corto o girasol CL, por una cuestión de limpieza de los lotes, “porque vienen con más historia ganadera”. En la rotación, en definitiva, se busca un 33% de cebada-trigo, otro tanto de maíz, un 15% de girasol y el resto soja.

Consultado sobre las claves para el repunte del girasol, Therisod remarcó: “Pasó de ser un cultivo aguerrido que iba a los peores lotes a uno con tecnología que motiva a hacer análisis de suelo, ocuparse de lograr una buena calidad de siembra y también invita a pensar en la fertilización con fósforo para lograr un buen arranque y luego fertilización nitrogenada según la necesidad”. Entre los avances destacó la aparición de híbridos Clearfield (CL), “porque los girasoles en lotes limpios rinden mucho más” y el curado de semillas desde la industria. “Así, el cultivo ha dejado de ser inestable”, sentenció el asesor.

La fecha de siembra ideal, en la mayoría de los lotes a 52 centímetros, es la primer quincena de octubre, salvo en algún bajo con más riesgos de heladas tardías, donde se puede estirar una semana más. “Pero hay que tener mucho cuidado en los lotes sembrados temprano y controlar babosa y bichos bolita, porque pueden hacer un daño grave”, dijo Therisod. Así, en los mejores lotes de la zona de Olavarría hasta Mar del Plata, con el mejor paquete tecnológico, no se baja de rendimientos 28-30 quintales por hectárea (qq/ha). En tanto que de Tandil hacia Ayacucho y Mar Chiquita un rinde normal ronda los 24 a 26 qq/ha.

Finalmente, Therisod advirtió que la “escasa transparencia en la comercialización” es una de las falencias que desmotivan la siembra del cultivo “y a muchos productores les genera bronca porque las pizarras no reflejan lo que pasa”.

Lartirigoyen y Cía. es una empresa con fuerte arraigo en el oeste bonaerense y la provincia de La Pampa, que gestiona la siembra de unas 150.000 hectáreas en todo el país. En el paquete de cultivos, el girasol ocupa un lugar fundamental. “Para nosotros es clave en la rotación: en las zonas girasoleras ocupa el 50% del área y todo en siembra directa”, contó el gerente de siembras de Lartirigoyen, Carlos Fangmann.

Pensando en el manejo, Fangmann explicó que en ambientes arenosos siembran girasol, luego un cultivo de cobertura como centeno, que se seca a fines de agosto y sobre él se siembra maíz a fines de noviembre. “Encontrarle la vuelta al maíz en esos ambientes nos permite usarlo para reemplazar cultivos de fina, en tanto que en los mejores ambientes la rotación es más equilibrada entre maíz-girasol-soja”, apuntó Fangmann. Entre las claves para el crecimiento de la oleaginosa, Fangmann le pone fichas a una planificación con barbechos largos para cuidar el agua y arrancar a trabajarlos desde temprano para manejar mejor la rama negra. Otra estrategia es lograr buena calidad de siembra: “Estamos encontrándole la vuelta a las malezas con el herbicida preemergente Authority e híbridos CL, porque si podemos controlar mejor las malezas le estamos dando estabilidad al cultivo”.

También hace hincapié en ajustar las densidades, incluso bajándolas en algunos casos a 35.000 plantas, porque les permite subir los pisos de rinde y elevar así los promedios en los años que se presentan complicados de agua. “En suelos someros, cuando hay un año malo podés caer a los 10 qq/ha, mientras que manejando densidades más bajas, intentamos estar siempre cerca de los 20 qq/ha”, contó el referente de Lartirigoyen.

Fangmann apuntó que están empezando a encontrar respuestas con fertilizaciones nitrogenadas, “sobre todo en los girasoles sobre maíces tardíos, porque tenemos tiempos de mineralización cortos y cuando no se fertilizan esos ambientes, el girasol queda con poco desarrollo foliar”. Lo están aplicando en plantas de no más de 30-40 cm. con 4 a 6 hojas y dosis de 60-80 kilos de urea. Si bien aún son los primeros ensayos, se están logrando 200 a 400 kilos más por hectárea, “otorgando más estabilidad en esas situaciones de manejo”.

Está claro, como dicen sus protagonistas, que el girasol tiene muchos argumentos para volver a crecer.

Fuente: Clarín Rural

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